SANT??SIMO CRISTO DEL RAYO

    Desde 1621

 Declarada de inter??s tur??stico regional

Del 11 al 17 de Julio

 

Fiestas a??o 2004 (aqu??) (

Fiestas a??o 2005 (aqu??) (

Fiestas a??o 2006 (aqu??) (

Fiestas a??o 2007 (aqu??) (

Fiestas a??o 2008 (aqu??) (

 

 

Extra??do del libro "Cosas de

 Moratalla" Junio 1915. Ensayo hist??rico por Don Alfredo Rubio Heredia, en su 2ª Edici??n de 1976. P??g.353-362.  Este relato fue recopilado por el autor de unas notas escritas por el moratallero D. Emiliano Mart??nez Guill??n.

I

A la falda de un peque??o cerro, aparecen agrupadas confusamente multitud de casas que se tienden en anfiteatro, formando la villa de Moratalla, uno de los pueblos m??s f??rtiles y sanos de provincia de Murcia. Sus sencillos habitantes recuerdan las costumbres de los moros, cuya dominaci??n sufrieron, al igual del resto de la provincia, especialmente los que habitan en el campo, pues la civilizaci??n va desterrando de la poblaci??n antiguos usos y trajes, armoniz??ndolos con las costumbres de los modernos adelantos. Sus tortuosas y empinadas calles, su hermoso Castillo, el sistema de riegos, etc., etc., nos recuerdan a??n lo que acabamos de exponer.

 

En dicha villa se venera con exaltaci??n la Imagen del Sant??simo Cristo del Rayo, y es costumbre inveterada que; en el momento que algunos nubarrones anuncian la proximidad de la tormenta y que la campana da la voz de alarma, con su conocido lenguaje, varios mozos del pueblo, en uni??n del sacerdote nombrado al efecto, llevan la Imagen del Cristo a hombro y, poni??ndola frente al sitio por donde aparece la nube, el sacerdote la conjura por medio de rezos y latines. Y sucede que unas veces vence el Cristo y la nube huye o se disipa, y otras tienen que volver deprisa a la Iglesia, pues les apedrea de lo firme. Mas siempre hay disculpa para aquellas buenas gentes: si la tormenta arrecia, lo achacan de ordinario a la falta de car??cter y entereza del cura para imponerse a la nube y hacerla retroceder. Y recuerdo en este momento y lo cito como modelo de sacerdotes en??rgicos para conjurar las nubes, al Padre Lude??a, el cual fue muchos a??os el encargado de dichos conjuros, y era digno de verse el br??o y valent??a con que desempe??aba su misi??n; el Padre Lude??a se encaraba con la nube, entablando con ella un verdadero pugilato y, despu??s de agotar cuantos latines y rezos pod??an emplearse para contrarrestar y vencer su terrible empuje, si la nube segu??a avanzando hacia la huerta, haciendo caso omiso de sus en??rgicas exhortaciones y protestas, aquel hombre, pose??do de una agitaci??n y vehemencia inconcebibles, echando por su boca cuantos dicterios e interjecciones se pueden imaginar contra la nube, la increpaba airadamente, y hab??a que verle si la tormenta en sus evoluciones, cambiando de rumbo y sin hacer da??o, desaparec??a por el horizonte... Entonces el buen Padre, que jam??s abandonaba su puesto, vi??ndola alejarse la apostrofaba a gritos para que acelerara, si posible fuera, su vertiginosa carrera, y, cuando el arco iris, s??mbolo de paz y bienandanza, luc??a sus hermosos y brillantes colores, el Padre Lude??a, arrogante y magn??fico, con la satisfacci??n de la victoria, volv??a al pueblo con el bonete echado hacia atr??s, completamente dichoso por haber vencido una vez m??s a la tormenta, en uni??n al Sant??simo Cristo del Rayo.
Muchas an??cdotas podr??amos referir, insistiendo sobre el mismo tema; pero nos separar??amos de nuestro objeto, que es la narraci??n de este ver??dico suceso.

II

Era el a??o 1621. La Naturaleza, siempre pr??diga en este pa??s, derramaba por todas partes sus riquezas, convirtiendo la extensa vega en un jard??n frondoso, como pudiera so??arse el Para??so. Las mieses, ya granadas, hab??an dejado su oscuro color verde mar, para convertirse en hilos de oro, que se balanceaban al arrullo de un viento perfumado y suave. Los ??rboles, exuberantes de frondosidad, presentaban muestras de su abundante y pr??xima cosecha; millares de p??jaros de distintas clases confund??an su eterno c??ntico de amores. Era la ??poca en que la Naturaleza viste siempre sus mejores galas, para hacer entrega al hombre de sus inagotables tesoros.

 

Los hermosos d??as de Junio pasaban, sin que apareciera en el espacio la m??s peque??a mancha que empa??ara su limpidez. Un viento, ora fuerte, ora suave, pon??a en movimiento las capas atmosf??ricas; contribuyendo, en uni??n con los rayos solares, a granar las doradas espigas. Ya los mozos del pueblo limpiaban sus cortantes hoces y las zagalas se concertaban para ir recogiendo las tronchadas espigas abandonadas al levantar los haces de la mies, que m??s tarde se conducen a las eras. Por todas partes se notaba animaci??n y alegr??a.

 

Amaneci?? el martes 15 de Junio de 1621, tan despejado y limpio como los anteriores. En la Iglesia del pueblo se continuaban lentamente las obras de la nueva Parroquia, que hab??an dado principio en el a??o 1561, y para ello se hab??a derribado parte de la antigua; como todav??a se puede apreciar por los lados que miran al Norte y Mediod??a, con declinaci??n a Oriente.

 

Desde tiempo inmemorial, exist??a en la antigua Iglesia la Imagen de Cristo Crucificado, y se hallaba colocada en la coronaci??n del altar mayor, que en aquella ??poca era el que en la actualidad ocupa dicha Imagen, frente al de San Pedro, por donde entonces ten??a su puerta de entrada la Iglesia; todo lo cual fue transform??ndose a medida que avanzaron las obras hasta quedar en la disposici??n en que hoy existe.

 

El sol tocaba a la mitad de su carrera, se vieron aparecer en el horizonte algunos celajes, semejantes a grandes gasas que; rotas en girones(sic) inmensos, flotaban en el espacio, juguetes del viento que las impulsaba; el azul clar??simo del cielo, luc??a m??s al transparentarse por los caprichoso dibujos que en mil cambiantes se formaban y deshac??an.

 

A la saz??n est??base(sic) celebrando en la Iglesia la octava del Sant??simo Sacramento, y los fieles atentos al llamamiento de su cura p??rroco, el Licenciado Alonso Vadillo, acud??an con gran recogimiento a estas pr??cticas religiosas. El altar mayor que, como hemos dicho, era en aquella ??poca el que hoy ocupa el Santo Cristo del Rayo, frente al de San Pedro, hab??a sido adornado con profusi??n de flores, luces y objetos, por las devotas moratalleras; ya hab??a en el templo infinidad de fieles y, entre ellos, Francisco de Ondo??o y Justa Garc??a su mujer, que conduc??an un ni??o a cristianar, hijo de Mart??n S??nchez y de Luisa Mart??nez, su mujer, y que fue bautizado por el Licenciado Jer??nimo Moreno, teniente cura de la Parroquia, poni??ndole el nombre de Pedro, (1) y tambi??n estaba entre los concurrentes Gin??s Valero, Regidor del Ayuntamiento y gran devoto del Sant??simo Cristo.

 

Eran las tres de la tarde y las campanas daban el ??ltimo toque, haciendo el llamamiento a los fieles, para las pr??cticas de la octava que se estaban celebrando; cuando comenzaron a sonar nuevamente, con gran alarma, anunciando la proximidad de una nube. Hay que haber nacido en Moratalla, para poder apreciar el efecto que produce el ta??ido de la campana, anunciando la tormenta. Todo resulta p??lido al describirlo: esos momentos de ansiedad y temor que producen en nuestro ??nimo, la aparici??n de esas nubes colosales, que parecen grandes monta??as arrancadas por su base y movidas por fuerzas sobrenaturales; cuadro imponente, al par que grandioso; aquellas monstruosas figuras, que m??s bien semejan sue??os de la fantas??a, con esa majestad grandiosa con que se adelantan unas a otras y se las v??(sic) cruzar y confundirse, parecen lejanos pueblos que vienen volando por los aires: ya imitan llanos inmensos, ya terrenos accidentados y montuosos; otras veces tomando formas diversas, ya aparecen a nuestra vista simulando cuerpos gigantescos de animales mitol??gicos, que la imaginaci??n m??s exaltada y calenturienta no podr??a concebir.

 

La campana sonaba sin cesar; todos los ??nimos esperaban suspensos el resultado de aquel inmenso peligro que les amenazaba; ten??an confianza en su Sant??simo Cristo, pero todav??a ning??n milagro les hab??a hecho comprender hasta que punto velaba por su pueblo creyente aquella Imagen a la que con tanto entusiasmo adoraban. Cada vez m??s l??gubre el ta??ido de la campana, pon??a fr??os hasta los huesos; el cielo oscuro y denso oprim??a las cabezas, y el nublado estaba tan bajo que parec??a haberse juntado los cielos con la tierra; un solo rel??mpago brillaba y el horroroso trueno estremec??a con su potente sonido hasta las entra??as del planeta; algunas gruesas gotas de agua ca??an pesadamente, levantando ese olor caracter??stico de tierra h??meda que se percibe en las tempestades; el pueblo entero confund??a sus lamentos con el tenebroso ruido de la tormenta; el espanto m??s grande se ve??a en todos los semblantes y las manos crispadas ped??an al cielo misericordia y compasi??n. ??Cuadro terrible, que estremece hasta el pensarlo, ofrec??an aquellas infelices, encerrados, dig??moslo as??, en un estrecho c??rculo, donde impotentes y resignados, esperaban perder vidas y haciendas!... ??Oh furor desenfrenado y b??rbaro de la tempestad!... ??Manifestaci??n grandiosa del poder que encierran los elementos! ??Oh, rel??mpago siniestro que nos ciegas y envuelves, tornando del asombro que nos produce tu viv??sima luz, al o??r vibrante tu carcajada sat??nica que parece mofarse de nuestra timidez!

 

Todas las calles aflu??an llenas de gentes que, con lamentos de desesperaci??n y torpe paso, luchando con un mar de agua y piedra, con rel??mpagos y truenos, presurosos acud??an a la Iglesia, donde se veneraba el Cristo, a pedirle de hinojos amparo y protecci??n; ya no cab??an de pie los fieles y sin cesar entraban; pues el mismo miedo y el sobresalto les hac??an estrechar m??s y m??s las distancias. No se puede formar nadie una idea de aquellos momentos de amargura...

 

La Imagen aparec??a magnifica en lo alto de la coronaci??n del altar mayor, extendiendo su(sic) brazos sagrados, como queriendo significar que a todos amparaba por igual; el clamoreo incesante de aquel pueblo consternado, sus llantos, las palabras entrecortadas a cada momento, aquella confusi??n de voces angustiosas, pidiendo perd??n y clemencia, unido al fragoroso ruido de la tempestad, que ya en tales momentos descargaba con furia abrumadora, parec??an el ??ltimo d??a, la ??ltima hora, el momento decretado como fin del mundo; ya los ??nimos deca??an a fuerza de sufrir, el desaliento y el abandono se pintaban en sus p??lidos semblantes, que volv??an con desesperaci??n a todas partes; ni sus ojos vert??an l??grimas, ni sus bocas exhalaban quejas; s??lo, si, temblaban de pies a cabeza; estaban pose??dos de ese terror contagioso que se apodera de las multitudes en momentos de peligro. ??De pronto un grito un??nime y agudo se deja sentir, y la mayor parte de los fieles, deslumbrados, sepultan el rostro entre sus manos!...

 

En medio del templo, blandiendo como la espada del Angel exterminador, se agitaba con su ligereza proverbial un rayo que a todos amenazaba aniquilar; parec??a sujeto por una fuerza invisible que no le dejaba traspasar el l??mite que se le hab??a fijado y, rugiendo como un esp??ritu maligno, hac??an contorsiones sobrenaturales... Breves instantes dur?? aquella escena aterradora; todos cre??an llegado su ??ltimo momento, cuando, veloz, recorriendo el espacio que les separaba, cae cubriendo la Imagen del Redentor, que desapareci?? en medio de aquella encendida hoguera, convertida enseguida en humo denso...

 

??Con qu?? palabras se podr??a hacer comprender lo que pas?? en aquel momento sublime, en que, despejada la densa niebla, apareci?? la imagen del Cristo, negra y candente; pero m??s hermosa que nunca!... (18)

 

Hab??a perdido por completo su color para no recobrarlo m??s. El pueblo, humillado, entonaba un himno de adoraci??n y de gloria, ??el himno que se entona cuando habla el coraz??n agradecido!... Aquella potente voz humana, formada por la uni??n de tantas ansias, debi?? de llegar al cielo, ya que hizo enmudecer hasta el rugido de la tempestad!...

(1)     En el archivo parroquial y al margen de la partida de bautismo de este ni??o hay puesta la siguiente nota: "Este d??a y a??o sucedi?? el milagro del Sant??simo Cristo del Rayo". (N. del A.)

(18) Por la brillante descripci??n de las anteriores p??ginas, podr?? deducirse la fe que al SSmo. Cristo del Rayo tienen los moratalleros. Desde hace cuatro siglos, no se ha dejado de hacer todos los a??os las fiestas en conmemoraci??n del referido hecho milagroso. Y eso que la ??poca, a mediados de Junio, no es lo m??s oportuna en un pueblo agr??cola, para realizar festejos. Entre ??stos, es t??pico el de las corridas de vacas, que tiene un sabor original; aunque se halle algo re??ido con las costumbres c??vicas, depuradas y cultas. La dulzaina, la p??lvora, los v??tores y los bailes populares, son tambi??n notas de cierto tipismo encantador y atrayente. (N. del P.)